De repente, Nochevieja

Empieza la película. Entre la niebla y la nieve, se ve una casa, pero el director prefiere acercar la cámara a los arbustos cuajados y a la hierba, congelada, rígida, como muerta. De pronto se oye la música, y se ven dos artistas callejeros por una vereda entrando a Milán. Intentan conseguir unas monedas con sus flautas, pero se topan con un organillero que mueve la manivela: con cada giro, aumenta su desventaja y deciden seguir su camino en busca de una esquina que les depare mejor fortuna. Es Navidad, y a medida que se aproximan al centro de la ciudad, aumenta el brillo de las luces, el tráfico y la vida, expresada de esa forma tan humana que son los abrazos, los empujones y los gritos.

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