Por qué una rueda de prensa sin preguntas también es tu problema

“Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en preferir lo segundo”. No lo dijo un periodista sino un político. Fue Thomas Jefferson, no Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias, que en el pasado reciente fueron críticos –con razón– con la pantalla de plasma que usó Mariano Rajoy para evitar preguntas de la prensa en algunas de sus comparecencias. Hoy, ya presidente y vicepresidente del Gobierno, son ellos quienes organizan actos donde los periodistas solo pueden limitarse a grabar lo que quieran decir. A veces ni siquiera eso: una prueba es el encuentro de este fin e semana en Quinto de Mora, resuelto con una fotografía entregada a los medios.

No son los únicos: para dar una noticia de trascendencia como el anuncio de unas nuevas elecciones en Cataluña, el president Quim Torra se presentó ante los medios sin admitir preguntas, fórmula a la que también parece abonado. Si usted cree que este asunto es algo que solo afecta a quienes se dedican a informar, siga leyendo. “Podría disparar a alguien en la Quinta Avenida y no perdería ni un voto”. Lo dijo Donald Trump y aunque hoy cueste creerlo –el descrédito de la profesión es evidente– la diferencia entre que una machada así fuera o no fuera posible puede ser el periodismo.

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