20 sin Bambino: de los excesos y las canciones de amor desgarrado a icono pop, gitano y LGTBI

Es chiquita, morena, tiene los ojos casi más grandes que la cara y a ratos parece tener 15 años y otros, 80, porque parece una niña pero sus hechuras son de abuela. Es lista, rápida, muy artista. Aparece entre el público con un vestido hecho de retales, de múltiples colores, con muchos volantes, corto y con cancán: parece una parodia de un traje de gitana tradicional. En cuanto deja los chistes, hace las primeras palmas e hinca el tacón en el escenario, hasta el neófito podría confirmar que esas bulerías van clavadas de sal y de compás. Cuando minutos después, se sienta, abre las piernas, agarra el violonchelo y rasga las cuerdas, Maui de Utrera fulmina los tópicos que sobre Andalucía, el flamenco o los gitanos pudiera tener el público, muy variado, pues también en eso, como en el poder de atracción, se parece la niña-vieja a su tío.

Bambino conseguía meter en una habitación pequeñita al cura, al alcalde y al travesti. Y en ese momento, no había tabúes ni problemas”, dice la cantante sobre un hombre que murió hace 20 años. Maui tenía 19 cuando ocurrió y reconoce, sin pudor y sin vergüenza, que a pesar de haber ganado mucho dinero, Bambino se fue de este mundo sin una moneda. Para explicar ese despilfarro, recurre a un término que se emplea en algunos entornos gitanos y flamencos: “La bohemia… La bohemia marca hasta cómo pestañeas, cómo te subes en un taxi. Yo veo esa manera de ser, desprendida y libre en mi padre, en mi hermano, en mí misma”, cuenta a Vanity Fair la artista que cada domingo, y a la una del mediodía, ofrece un show llamado “Vermú y potaje” en el Teatro Flamenco Madrid, en Malasaña.

El reportaje completo en Vanity Fair.