10N, la campaña negativa: por qué a los candidatos les interesa que te enfades

Bígamo y caníbal. Fueron dos de las acusaciones que le hicieron a Andrew Jackson durante la campaña electoral que lo enfrentó a John Quincy Adams en 1828. Otra fue propagar que su madre era prostituta. Ninguna era verdad, pero todas se imprimieron en lo que se conoció como “folletos de ataúd”, papeles que se repartían al amanecer –como si fueran diarios– entre la población con el objetivo de desprestigiar al candidato. Fue el nacimiento de lo que en Ciencias Políticas se llama campaña sucia. “La que rompe las reglas del juego de la política y la ética”, explica a Vanity FairDaniel Eskibel, experto en psicología del votante y autor del blog Maquiavelo y Freud.

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