Influir, exhibir la decepción o hacer reproches: los políticos españoles y las cartas abiertas

Suelen, o solían, ir en un sobre cerrado con el nombre de quien las escribe en una cara y el de quien la recibe en el reverso. Dentro, palabras, noticias, detalles que nadie más salvo emisor y receptor tienen derecho a leer. No importa que en el interior haya una lista de la compra, un acuerdo de gobierno o un mensaje de amor escrito en clave. Para que una carta sea una carta, tiene que haber entre los dos que se “hablan” cierta distancia. “La carta es una comunicación entre ausentes, un instrumento que ha servido para mantener el contacto con las personas que están lejos o para comunicarse con quiénes de otra forma son inalcanzables: instituciones o personas poderosas, por ejemplo”. Lo explica Guadalupe Adámez, doctora en Historia e investigadora en el Seminario Interdisciplinar de Estudios sobre la Cultura Escrita, y marca así la principal diferencia entre las cartas que escribe el común de los mortales con la que, por ejemplo, le ha dedicado esta semana Francesc de Carreras al líder de Ciudadanos.

El artículo completo en Vanity Fair.