David Lagos, creador flamenco

Mauri Buhigas / La Bienal
Mauri Buhigas / La Bienal

En el escenario del Café Alameda había cuatro hombres y un vaso negro. No se preocupe si no reparó en el detalle que anoche fue una noche para pulverizar esquemas y permitirle al futuro colarse por los oídos. El cantaor podría haber optado por una botellita de agua para aliviar su garganta y enfrentarse el vértigo, pero el suyo no era un recital al uso, por eso el recipiente no era de cristal, ni de plástico, ni era botella y era oscuro.

Si usted usa con frecuencia frases como “no le des más vueltas” o “así ya está bien” no entenderá lo del vaso ni quién es David Lagos, que tras estrenar Hodierno en la Bienal de Sevilla acaba de ponérselo complicadísimo a cualquier flamenco, a los de la ortodoxia, a los de la heterodoxia y mucho peor a los que venden humo. Porque la brecha temporal en el imaginario sonoro que abrió anoche el jerezano no está al alcance de nadie más que de él.

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