Auguste Rodin: Un infierno por escuela

El infierno que imaginó Auguste Rodin tenía que ser de bronce pero al final fue de yeso. En la obra resultante no hay nada que sea realmente cruel, ni tampoco oscuro porque para recrear el averno Rodin empezó leyendo a Dante y observando estatuas renacentistas, pero enseguida se topó con su presente, es decir, con Baudelaire. Por eso le quedó una recreación de las tinieblas poblada de pesares que es también exuberante. Esa historia, la del origen y el no-final de La puerta del infierno, es la que cuenta la exposición que la Fundación Mapfre de Barcelona ofrece hasta el 28 de enero en colaboración con el Museo Rodin de París para conmemorar el centenario de la muerte del padre de la criatura.

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