Un Quijote urbano y jondo para una Dulcinea poderosa

Patricia Guerrero y Andrés Marín en “Don Quixote”. Foto: Jean Louis Douzet

Monopatín, cemento, travestismo y desnudez son sólo algunos de los muchos elementos que incorpora a su “Don Quixote” el bailaor Andrés Marín. La obra, que estrenó en noviembre en la Biennale d’Art Flamenco de París, es fruto de una residencia en el Teatro Chaillot y ha abierto el Festival de Nîmes 2018. La propuesta no es una recreación de la novela de Miguel de Cervantes, sino una visión muy personal del hidalgo de La Mancha con la que el bailaor parece exorcizar demonios propios. “No soy”, reza un cartel sobre las tablas. “No soy caballero de nadie”, canta Rosario La Tremendita por martinete y en esa frase parece estar la clave de una obra que Marín bailó como en los últimos tiempos: con movimientos cortos y explotando su faceta interpretativa casi más que la dancística.

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