Los flamencos no miran al suelo

“Se te encoge el corazón, ¿verdad?”, dice una señora mayor que ha venido a ver bailar a su vecino. Y sí, se encoge el corazón. Se encoge al verlos darlo todo, hasta lo que no tienen, para sacar adelante el espectáculo. Y se encoge cuando en el backstage no se ve una triste rampa que les ayude a subir a los camerinos que están en el piso de arriba y que les recuerda las trampas que sortean todavía en muchos espacios públicos.

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