Expiación sureña

IMG_0859Me acerco a Andalucía a punto de cumplir 38 inviernos. El frío del sur de España nunca se narra y en todos los relatos es más fácil encontrar sol, cal, calor y cielos garzos que la cellisca que maltrata al olivo o la humedad que engorda sus frutos. Este lugar es para mí como un gerundio: ni se va de mí ni me deja marchar, y aunque me frote fuerte cuando me baño, lo llevo siempre incrustado en la nuca. Esa marca, mancha, muesca o lo que sea me dice y le dice a todos de dónde vengo. No me avergüenzo, sólo reniego del Sur cuando no puedo explicarlo, algo que cada vez me pasa menos.

No nací en este lugar, nació mi padre. Y yo me acerco en Cuaresma anhelando ser turista. Mi madre no me parió en esta tierra, pero fue aquí donde me dolieron tres veces las rodillas, una por cada ocasión en que mi cuerpo se estiró hasta alcanzar los 172 centímetros que hoy me definen. Nací en Cataluña pero no olvido que aquí crecí y perdí los dientes.

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