Contra el flamenco de liar

“Aquí empezó todo.”  El Perla dice esto mientras señala en dirección al mar, hacia unas Ramblas repletas de turistas medio vestidos que parecen sufrir la ciudad más que gozarla. “Aquí me estrené como artista en esta ciudad”, cuenta El Perla indicando la puerta del Teatro Capitol, ante la que se ha presentado con moño, pantalón blanco y camisa oscura. Las manos de un guitarrista son importantes, por eso cuando levanta el dedo para señalar el paseo que lo recibió cuando llegó a Barcelona destacan tanto sus uñas de porcelana. “Me las hace un chino cerca de casa. Imagina la cantidad que gasto con dos actuaciones al día.” Esas garras artificiales son la única licencia que se permite un guitarrista de corte gitano que tiene una idea muy clara de lo que es flamenco: “Cada cual le da su chispa, pero este arte acepta poca invención. Es una herencia a la que estamos faltando el respeto.”

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