Un año sin piropos en Bélgica

images|cms-image-000002418En agosto de 2014 Bélgica se convirtió en el primer país del mundo en aprobar una ley contra los piropos. La norma contempla multas de 50 a 1.000 euros y penas de hasta un año de prisión y se creó para ampliar la que se conoce como “Ley Género”, vigente desde 2007 y encargada de perseguir la incitación a la discriminación, a la violencia y al odio por razón de sexo. La norma fue una promesa cumplida de la entonces ministra de Interior e Igualdad de Oportunidades, Joëlle Milquet, hecha tras ver Femme de la Rue, un vídeo de Sophie Peeters, una estudiante que en 2012 grabó un paseo por las calles de Bruselas en el que podían oírse los comentarios hechos por los hombres a su paso.

En su fase de elaboración, algunos juristas belgas se pusieron en contra al considerar que la nueva ley podía atentar contra la libertad de expresión. “El derecho a la libertad de expresión no ampara el sexismo, como tampoco ampara el racismo”, opina

Encarna Bodelón, profesora de Filosofía del Derecho en la Universitat Autònoma de Barcelona y directora del Grupo de Investigación Antígona en relación a una ley que no persigue el halago sino las conductas sexistas.

“Todo gesto o comportamiento que tengan la clara intención de expresar desprecio hacia una persona por razón de su sexo, de considerarla inferior o de reducirla a su dimensión sexual y que comporte un grave daño a su integridad”. Este es el texto legal que ha hecho posible que en Bruselas se hayan denunciado 85 casos y se hayan impuesto 22 denuncias tras un año de entrada en vigor de la ley.

Para algunos sectores, entre los que se encuentran los mismos juristas que criticaron su aprobación y el Partido Libertario, los casos son pocos y no justifican una ley. Piden que se retire porque, además de atentar contra la libertad de expresión, creen que ha resultado poco efectiva. En la entidad Vie Féminine no comparten esta opinión y afirman que la validez de una ley no se puede medir cuantitativamente, que aún hay muchas mujeres que no la conocen y que aunque sean pocas las que aún denuncian debe existir para protegerlas y para darle visibilidad a un problema que ocurre en todo el mundo.

Reportaje completo en Ctxt e Infolibre.

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