Un tablao para Camarón

Estoy en Casa Camarón de la Isla. En ese ambiente tan calé, destaca un medio payo imponente. Me invoca desde su silla, me habla como si me conociera de siempre y sólo se levanta para que mire la uña de su meñique. “Es así de pequeñito”, dice clavándome los ojos y haciendo fuerza con ellos para que entienda la gravedad de lo que explica. “Es chiquito pero hay metástasis y es mortal”. Habla del tumor que mató a Camarón de la Isla y lo describe en presente porque no está recordando: está reviviendo el día que en la Clínica Mayo un médico les dijo que lo que consumía al cantaor no tenía cura. Y lo vuelve a vivir cada vez que lo cuenta. Le llaman Tío Candado pero se llama José y en su casa pasó sus últimos días el cantaor de la Isla. Yo ya lo sé cuando me estrecha la mano el día en que se cumplen 23 años del adiós a Camarón y contesta a preguntas que no le hago.

Sigue en El Estado Mental.

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