El encanto de lo sutil

Lo más conveniente es acudir a las citas sin esperar nada. Cuando una va relajada, sin la prisa que impone el bolígrafo mientras observa un espectáculo, sin el ansía de captar cada detalle para dar cuenta de él, es cuando la piel puede complementar a ojos y oídos y llevar a cabo esa tarea tan suya que consiste en revelar lo sutil. A mi me ocurrió en la Suma Flamenca con la actuación de Paco del Pozo.

Que este hombre canta bien, está demostrado. Lo que estaba por ver en “Una copla por recuerdo” era su rollo en la escena, cuáles iban a ser sus encantos, su punto, esa chispa imposible de medir en corcheas. Y lo que encontramos los que allí estuvimos fue un estilo sobrio y sin estridencias, minimalismo bien entendido y una compenetración extrema entre unos músicos que no sólo cubrieron a Paco de música excelente, sino que disfrutaron oyéndolo cantar y moverse por el suelo del Teatro de la Abadía. Paco fue una sorpresa, no por su voz, insisto, que está más que evaluada. Lo fue por la magia que desplegó en forma de coplas llevadas al flamenco y de flamenco traído a las coplas, en un viaje de ida y vuelta en el que se vio un estudio y una lectura concienzuda de los cantes y su historia y de quienes los cantaron. Y lo hizo sin pretender ser cantante, sino aferrado a su ser de cantaor.

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