“Es ‘cool’ mostrarse desdeñoso en un mundo que nos exige ser hipersensibles”

 

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Eloy Fernández-Porta por Lisbeth Salas.

Emociónese así. Anatomía de la alegría (con publicidad encubierta) (Anagrama, 2012) es el último libro de Eloy Fernández Porta, sobre lo sentimental y lo público, sobre el amor y la mercancía y sobre como todo viene siendo, de alguna manera, la misma cosa fabricada por publicistas al servicio del capitalismo. Sin embargo, decir esto es decir poco de la nutrida trama de referencias y reflexiones que hace Fernández Porta sobre la subjetividad en la sociedad de consumo, un trabajo hecho con un peculiar sentido del humor que potencia la agudeza del ojo con el que este escritor observa el mundo.

“La publicidad produce momentos locos –de alegría, de furor, de noche propicia y mañana anhelante– y, al hacerlo, prosigue la línea abierta por la poesía y, en más de un sentido, la sustituye.”
Con dos signos de $ en los ojos te pregunto: ¿Cómo, cuándo, por qué?
La poesía habla de emociones, pero lo hace de manera metafórica, metapoética, metafísica o, sin más, metalatosa. La publicidad aborda un aspecto del mundo sensitivo que la lírica, al menos desde el movimiento simbolista, no tiene entre sus prioridades: la dimensión comercial y corporativa de la emoción. La cuestión no es qué marca trata de vender un anuncio sino cuál es la tensión social que, en el tránsito de publicitar el producto, se ve obligado a abordar. Puede tratarse de la tensión entre el comercialismo y lo espiritual (en la publi navideña), entre la subcultura y el mainstream (en los anuncios que describen comunidades alternativas) o entre la abnegación y la vanidad (en el anuncio de CR7 para Nike).

“Pero hemos crecido en unos tiempos, que una vez se llamaron postmodernos, en que los modos sentimentales y vehementes despertaban más suspicacia que entusiasmo. Y en se contexto hablas de la música indie.”
¿No queda otra que hacerse pasar por un no-músico, cantando fuera de tono, desafinando a veces, para que nadie se eche para atrás ante un exceso de poderío?
Nos hacen falta las dos cosas: la música preciosista y sobreproducida, que nos da acceso a una experiencia de lo sublime tecnológico, y también el no-cantante desastrado que, por comparación, parece espontáneo y desacomplejado. Sabemos que hace falta mucha técnica y mucha mesa de mezclas para producir lo espontáneo, pero aun con eso nos mostramos dispuestos a creer en esa ilusión de espontaneidad.

Entrevista completa en Barcelonés.

 

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